Messiah “Christus Hypercubus” (High Roller Records, 2024)

Hoy nos toca hablar sobre el nuevo trabajo de una de las bandas más infravaloradas de la música extrema. Messiah es un proyecto que surge a mediados de los años ochenta en Suiza. Durante ese primer período editan dos piezas que hoy son consideradas de culto (Hymn to Abramelin de 1986 y Extreme Cold Weather de 1987). Luego la banda se toma un par de años para reformarse con el ingreso del vocalista Andy Kaina. Con él graban todos los discos siguientes, exceptuando la placa “Underground” de 1994 donde las voces quedaron a cargo del líder de Therion, Christofer Johnsson. A poco de arrancar el nuevo milenio la banda se separa, y vuelve a reunirse en 2017 con la formación clásica de los 90s. Juntos graban el bien recibido “Fracmont” en 2020. Lamentablemente el vocalista Andy Kaina fallece a causa de un ataque cardíaco en 2022, siendo reemplazado por Marcus Seebach para esta nueva entrega, donde también deciden sumar a un segundo guitarrista; el legendario V.O. Pulver de los Thrashers Poltergeist.

 

Este séptimo álbum inicia con “Sikhote Alin”, que estalla poderosamente después de una intro. Un audio moderno y llevado al pico máximo brinda un poco más de ira a las bases Deathrashers vieja escuela. El ataque se detiene para tomar aire con un solo de guitarra climáticamente bizarro, y todo vuelve a explotar en mil pedazos antes de “Christus Hypercubus”. El homónimo aporta leves detalles grooveros, mientras que “Once upon a Time… Nothing” retoma viejas estructuras veloces de la música extrema que se contraponen a la oscura densidad de “Speed Sucker Romance”. Un título que te engañará hasta el final.

“Centipede Bites” vuelve a la ultra-violencia de las guitarras Deicide-Slayerizadas con un bajo que juega de fondo (más no tan de fondo) con las capas vocales de Marcus. Aquí debemos hacer un paréntesis, ya que estaría bien resaltar que tanto el bajo como las voces tienen bastante preponderancia en el álbum. De hecho, por momentos se escuchan tantas capas de voces que hasta podría sonarnos extraño. Me atrevo a decir que esto para algunos oyentes puede ser uno de los puntos a favor, mientras que para otros puede llegar a sonarles demasiado invasivo. Un pasaje de muerte (literal, lo escucharemos en el electro) nos conducirá hacia “Soul Observatory” donde me viene bien hacer referencia a lo citado anteriormente. Todo eso acompañado de bases sencillas, pero efectivas, suenan a buen combo para ser ligado también a la pieza “Acid Fish”, ya que en el final del disco tendremos algunos otros detalles que podrían separarse levemente del resto. “The Venus Baroness” se divide en dos partes (I y II) que juntas superan los diez minutos de duración en un trabajo de tres cuartos de hora. Si bien no difieren demasiado del resto de la obra, creo que hacen más hincapié aún en la utilización de riffs de sabor añejo. Machaques Thrashers, pickings de Death Metal clásico, bajos de Heavy Metal, baterías que golpean sin parar con una técnica admirable y las capas de guturales lacerantes al frente que se van yendo en un fade-out en el momento justo.

Messiah nos ha vuelto a regalar lo que más sabe y gusta de hacer, un trabajo sencillo y directo (quizás levemente más agresivo que en anteriores lanzamientos), sin mucho que reprocharle, ya que todo se siente en su lugar y transcurre de manera muy efectiva. Acá no se pretende innovación, pero digamos que de haber agregado más matices a las canciones seguramente hubiera puesto a esta placa dentro de las sorpresas del año. En casi todos los temas suceden partes habladas (entre comillas), los solos de guitarra tampoco difieren mucho entre ellos, y todo sigue un rumbo fijo, que está muy bien, pero puede dejar a algún oyente con ganas de más. Dicho esto, creo que Christus Hypercubus no deja de ser un álbum que deberías escuchar.