La legendaria banda española pisó suelo argentino por primera vez y brindó uno de los shows más destacables de Heavy Metal en lo que va del año. Puede sonar exagerado, pero eso sólo lo pensaría alguien que no estuvo ahí.
Podría hacerles un resumen introductorio de la historia de Obus antes de pasar al show en cuestión, pero ya lo hablamos en la Zona Retro junto a Germen de Velocidad 22. Si no lo vieron, aquí les dejo el link: https://www.youtube.com/watch?v=dn4sETrDOSo
Entonces…
A último momento se agregó a una última banda para abrir el evento (Viatorem Astra), y apenas llegué a ingresar cuando terminaban su set. Entiendo que hacen un Heavy más orientado al Powermetal, quizás algo distinto a lo que vendría después. Ojos Negros, una longeva banda de Buenos Aires cultora de un Speed Thrash bien argento, que hacía mucho tiempo no veía en vivo. Lo de ellos va de palo y a la bolsa, como hacía Hermética en sus inicios, por citarles un ejemplo ligeramente similar en cuanto velocidades o métricas musicales. Esto podemos notarlo claramente en los bombos y fills de batería de temas como «Horcados». La voz en cambio, va por un lado mucho más áspero.
Con la segunda banda, Maligno, también podríamos trazar un paralelismo similar; esta quizás desde ahí hasta V8. El sonido en general se encontraba a un buen nivel y la gente comenzaba a ingresar de a poco. Desde adentro no era fácil prever la convocatoria final, pero llegaban rumores de que afuera había mucha gente esperando el plato principal.
Velocidad 22 fue la banda local que logró hacer la diferencia numérica. Recién con ellos pudimos notar que la convocatoria era buena, y de hecho desde el inicio de su show, El Teatrito se convirtió en una fiesta del Heavy Metal. Comenzaron los primeros pogos acompañados de cánticos, puños en alto, y una energía que hizo estallar las cuerdas de las guitarras (literalmente). Pero fueron pequeñas demoras y detalles que no opacaron para nada un show altamente festivo, que nos ponía en aviso de que esa noche iba a ser memorable. Ya se sentía el «sold out».
A continuación estallaría el Obús; porque los españoles no salen a escena… la estallan!
Estamos hablando de gente con muchísimos años de carrera, claro está, pero también de edad. Yo no puedo explicar lo que genera ver a su frontman Fortu Sanchez, con 71 años de edad, no solo cantando como aún canta, sino agitando, subiéndose al bombo de la batería o inclusive tirándose al público. La entrega de esta gente es total. No hay otra forma de definirlo. Entrega total hubiese sido un buen título para esta reseña.
El sonido fue impecable, aunque con algunos decibeles más hubiese estado aún mejor… No es que estaba literalmente bajo, es que la audiencia no paraba de cantar las canciones, y por momentos era tal el griterío que parecía competir con la banda. Es un punto destacable de todas maneras, ya que se imaginarán la energía que reinaba en el recinto.
Con temas clásicos como «La raya», «El que más» o «Te visitará la muerte», está claro que «Vamos muy bien», pero el pogo de «Pesadilla nuclear» para mí fue el momento tope de la noche. Sin desmerecer la festividad de «Va a estallar el Obús» o la estirada de «Dinero, dinero» donde jugaron a más no poder con el público. Obus dió un show completo, con todo lo que esto significa… no faltó nada. Y si tuvimos que esperar tantos años para verlos, podemos decir que la espera valió la pena.
Gracias a Marcela e Icarus por invitarnos a cubrir esta fiesta.




