Cathedral – Templarios sin ojos en la noche

Yo vi, cerca de Telsen, sobre un macizo rocoso, la puerta que supuestamente lleva a la ciudad de los césares. Tiene una ranura por la que pasa una navaja y poco más. Dicen que conecta con la meseta costera (o más bien la barda) del fuerte argentino, y que ahí mismo, a mil metros de profundidad, está enterrado el santo grial.

Cito un fragmento, que se supone apócrifo, del Parzifal publicado en el año 1213 por Wolfram von Eschenbach:

“Surge la presencia negra del Bastón Austral, en la Armórica antigua que en el sur está./ Sólo Parsifal el ángel, por los mares irá/ con los tres caballeros del número impar/ en la Nave Sagrada y con el Vaso del Santo Grial/ por el Atlántico Océano un largo viaje realizará/ hasta las puertas secretas de un silencioso país/ que Argentum se llama y así siempre será/. ()  Oculto lo mantuvieron en Viarava los Dioses de la Tierra/ en un Monte Sagrado de la innombrable Viarava/ donde Vultán le otorgara su mágico destino”.

Así, pues, la leyenda quiere que sepamos que los herederos de los templarios custodian hasta el día de hoy el santo grial en unas cavernas perdidas de la patagonia; túneles que suben y bajan los conectarían con el exterior, y, supuestamente, andarían chapeados de paisanos entre baqueanos y puesteros, comprando vinos caros y tabaco por los almacenes de la región.

No voy a negar que más de una vez, al extenderle la mano a uno de por ahí, sentí raro el saludo, como con otra posición de los dedos, como en código. No sé… El caso es que el mito de la Orden del Temple ha alimentado muchas leyendas a lo largo del tiempo y a lo ancho del mundo. Voy a hacer un esbozo acá de las que a mí más me han gustado y que resultan estar unidas por tres ramas del arte.

La primera aparece en el libro Leyendas, justamente, de Gustavo Adolfo Bécquer, publicado a finales del mil ochocientos. En ese libro está El Monte de las Ánimas, un relato que habla sobre lo que le pasa a un joven llamado Alonso durante la noche de los difuntos en la región de Soria. En una mezcla de folclore e historia, Bécquer nos sumerge en la contemplación final de un aterrorizado cazador, el cual ve, en la noche del monte, la figura de una mujer corriendo ensangrentada alrededor de una tumba, siendo perseguida por caballos cabalgados por los esqueletos de los templarios muertos ahí hace tiempo.

La ejecución del texto es formidable; la figura de los esqueletos sobre caballos, en el cementerio, en la noche: inevitable. Tan inevitable que sirvió de inspiración para una película que, con el tiempo, fue una tetralogía y que, después, fue olvidada, y que hoy es de culto. Hablo de The Blind Dead, de Amando de Ossorio.

The Blind Dead es la primera de cuatro películas filmadas entre los años 1972 y 1975. En ella, asistimos a los horrores que padecen un grupo de hombres y mujeres al encontrarse con una antigua maldición en un pueblo y una abadía medieval abandonada. La maldición se debe a las prácticas heréticas llevadas a cabo siglos atrás por un grupo de Caballeros Templarios que buscaban la inmortalidad y que, tras aterrar a las autoridades eclesiásticas, fueron ajusticiados por estas. Desde entonces, los cadáveres de los caballeros se levantan por la noche y buscan nuevas víctimas.

La mejor imágen de la película: montados sobre sus caballos negros, los caballeros templarios cruzan en cámara lenta por el interior de la abadía vuelta escombros, sus túnicas movidas por el viento, tañidos de campanas, cantos gregorianos, luna azul que se filtra entre los escombros del rosetón ya sin vitrales. Formidable.

Uno, al que le pegó fuerte la película, armó una banda y compuso un tema inspirado en la cuarta entrega de The Blind Dead. Hablo de Lee Dorrian, de su banda, Cathedral; hablo, específicamente, del disco que publicaron en el año 1995: The Carnival Bizarre.

Aburrido de estar al frente de Napalm Death, Dorian se juntó con su buen amigo Mark Griffiths, que venía también aburrido de Carcass, y entre ellos armaron una banda de doom y sludge para homenajear a todas esas bandas que amaban, cito: Black Sabbath, Pentagram, Candlemass, Trouble y más y más… La banda que armaron es Cathedral, y aprovecharon para volcar, en las letras, todas sus influencias paganas, sus lecturas ocultistas y de terror nerd, y también su amor por el cine de terror clase B.

Siguiéndoles la carrera, disco por disco, en el tercero, The Carnival Bizarre, del 95, dí con un tema llamado The Night of the Seagulls. Bien. The Night of the Seagulls es la cuarta y última película de la saga de Amando de Ossorio, The Blind Dead. Sin dudas, la mejor.

Siglos de muertos
Con la cruz del faraón
Montando caballos inmortales
A través de la niebla negra
Caballeros Templarios – Levántense
Madres tristes heladas de pavor
Dejen su descendencia a los caballeros templarios
Ellos vendrán del mar
A la medianoche
Pidiendo
Atada al poste
Una virgen gritando

Ésas son algunas de las agradables líneas de un track que no está nada mal. De hecho, The Carnival Bizarre fue el disco con el que la banda logró consolidar su sonido definitivo y captar la atención de los acérrimos del género. El disco está plagado de referencias al cine de terror, al bueno, al pedorro. Como ejemplo, traigo el título de otro track: Hopkins (The Witchfinder General); en claro homenaje a una película en la que podemos ver al genial Vincent Price y de la que ya hablaremos en otra entrega de estas columnas.

Por lo pronto, recomiendo mantener el orden de esta seguidilla de obras que eslabonan, desde su origen, el derrotero de los templarios sin ojos: primero, el texto de Bécquer, El Monte de las Ánimas; segundo, las películas de Amando de Ossorio, la primera y la última, la otras son olvidables; y el disco de Cathedral, The Carnival Bizarre.