Lake Of Tears

“Cuando voy al río al día siguiente de la gran caída de hojas, el dieciséis, me encuentro con mi barca toda cubierta, fondo y asientos incluidos, por las hojas del sauce dorado bajo el que está amarrada, y zarpo con una carga que cruje bajo mis pies. Si la vacío, mañana volverá a estar llena. No las considero desperdicios que haya que tirar, sino que las acepto como paja o una esterilla apropiada para el fondo de mi carruaje. Cuando entro en la embocadura del Assabet, que es boscoso, toda una flota de hojas me recibe en la superficie, como si estuvieran saliendo del mar, con espacio para dar bordadas”

Ese párrafo, de una belleza elemental, pertenece al libro Autumn de Henry David Thoreau. A ese libro, Thoreau lo escribió mientras ya se entraba lento el otoño del año 1846 a desnudar de a poco todas las ramas del boscaje circundante a su casa, que era una cabaña empalmada sobre un reborde del lago Walden. 

Capaz porque nací dentro de sus márgenes es que no puedo evitar sentir una gravitación especial cuando el tema de una obra es el otoño. Eso, de alguna forma, me interpela. Si afuera hay árboles a punto de dejar caer sus hojas, yo no puedo ser ajeno a eso. Tengo que salir y verlo. Casi como si no pudiera evitar escuchar el latido de los parques y los montes. 

Las ramas, los troncos, el olor húmedo del rocío, el silencio que no es vacío, las distintas tonalidades del perecer de la fronda, los colchones de hojas; nada de todo eso me hizo sentir un forastero la vez en que, siendo todavía guachito, pisé por primera vez un bosque. En mis sueños siempre hubo árboles. En mis sueños, todavía a veces camino por un bosque.

Hay un disco que tiene bosque, no sé explicarlo mejor, y al que, de tanto en tanto, vuelvo. Es un disco raro. Nunca antes ni después la banda que lo grabó tomó las mismas decisiones. Hablo de Forever autumn, de los suecos Lake Of Tears.

Lake of Tears es una banda de principios de los noventa que, ni bien surgió, se mandó con todo por la densa pendiente del doom clásico. Greater art, su disco debut del 94, fue un homenaje de 35 minutos a bandas como Pentagram, Black Sabbath, Witchfinder General y muchas otras que ya todos conocemos. Si bien en su segundo disco, Headstones, publicado en el 95, siguieron manteniéndose en la línea del doom, las letras tuvieron una evolución interesante. Brennare y Sahlgren, los principales compositores de la banda, se permitieron meter en ellas cuestiones fantásticas tomadas de las sagas Dragonlance y The lord of the rings. El giro hacia un sonido pulido y una experimentación especial llegaría a la banda con el disco siguiente, A crimson cosmos. En A crimson cosmos, los suecos nos dejan entrever otras influencias, rock gótico duro, oscuros y psicodélicos setentas, y ese fue un álbum que nos hizo suponer a quienes entonces les seguíamos el rastro que, a partir de ahí, tomarían ese sendero que ya había sido más que marcado antes por bandas como Fields of the Nephilim o Type O Negative. Pero no fue así. No, al menos, por un disco.

Dos años antes de que la banda entrara nuevamente al estudio, Julia Saarinen, la mujer de Brennare, el cantante, fue alcanzada por una muerte súbita cuando caminaba por un sendero de hojas secas, adentrándose en un bosque. Ante esto, a pedido de Brennare la banda abandonó el proyecto en el que venían trabajando y se tomaron un impasse de varios meses. El cantante,en esos meses, como antes hiciera Henry David Thoreau, se internó en una cabaña en los bosques de Tiveden. Ahí, en profunda soledad pasó su duelo. Cuando al tiempo la banda volvió a juntarse, Brennare apareció con un cúmulo de canciones considerablemente distintas a lo que venían trabajando y dijo que necesitaba grabarlas, que quería liberarse de ellas. Después de cuatro meses de trabajo intenso en un estudio improvisado en la cabaña del cantante, en el año 1999 vio la luz Forever autumn, cuarto disco de Lake of Tears.

Un violín dibuja una melodía triste, seguido de un piano que habilita el avance de toda la banda en la que es, quizá, la canción más rockera del disco, y que a su vez es la que lo inaugura: So fell autumn rain.

Entonces cayó la lluvia de otoño/ cegado por el amanecer/ esperando que me llevaras contigo/ lejos de esta caída/ una condena es este dolor, canta Brennare en el estribillo que, desde entonces, es el que más se corea en los recitales de la banda. 

Pianos, violines y flautas tamizan cada espacio de aire en este disco, aportándole a todo una tonalidad sepia, pero con un fondo tenue de luz. Como el sol cuando pasa entre las nubes. Forever autumn es un abrazo delicado, a medio tiempo de todo. Baladas acústicas aúllan sus penas, tomando al otoño y a sus crepúsculos para hacer con ellos una inmensa alegoría: hay un planeta que se seca y cae.

De todos los discos de la banda, incluyendo el primero, este es el que peor suena. Pero eso solo hace crecer su magia. La sensación de frescura en el rasgueo de las guitarras, el carraspeo monótono en la voz de Brennan, y esas planicies instrumentales que por momentos aparecen en el horizonte del sonido, nos aportan una calidez tal que, si se escucha de principio a fin con un buen par de auriculares, y sugiero que hagan eso, pareciera que el disco se estuviera grabando mientras lo estamos escuchando. Porque Forever autumn se grabó ayer. O mejor aún: Forever autumn va a grabarse mañana. Y cada vez que un 20 de marzo traiga consigo una nueva vuelta al equinoccio otoñal, este disco va a volver a surgir para después secarse y caer.

Más que recomendable.