Therion – Sobre tierras sumergidas y estrellas distantes

Un credo africano dice que dios no estaba en el principio, pero que estará en el final. Hablo de los dogones de la región de Mali.

Sus casas son de barro. Sus platos, sus vasos, sus cubiertos son de barro. También su arte es de barro. Una vez, un herrero de ahí me dijo que, a veces, todos en el pueblo sueñan con lo mismo: un mar de barro; y que ése es un sueño bueno porque significa que va a llover.

No es difícil entablar conversación con un herrero o con un curtidor de cueros dogón. Ellos andan siempre por el campo, lejos de sus casas, escuálidos, harapientos, abandonados por su pueblo. Cualquiera puede acercarse, como hice yo, a los Acantilados de Bandiagara y ofrecerles un pedazo de pan. Ellos, a cambio, le contarán la historia del pueblo Dogón.

A los herreros y a los curtidores de cueros, su gente los cree magos o locos.

Pero, más allá de mi experiencia, entiendo que, en los últimos años, la obra que mejor repasa la historia y la mitología del pueblo Dogón es el álbum doble Lemuria/ Sirius B, de la banda sueca de metal sinfónico Therion, publicado en mayo del 2004.

Veintiún tracks, diez en Lemuria, once en Sirius B. Ciento setenta y un músicos, una orquesta, meses de grabación y el descarte de aproximadamente treinta canciones. Pero, lo que me interesa de todo esto es la historia detrás de las letras. Porque, tal como sucede con los conocimientos herméticos, lo expuesto es poco más que una máscara. 

Citas a diversas mitologías (romana, griega, escandinava, egipcia), y a místicos de renombre (Swedenborg, Gurdjieff, también Lovecraft) evocan toda una serie de fantasmagorías corales en las letras, y eso en pos de tamizar lo que ya desde los títulos de las obras se nos sugiere: la perdida tierra de Lemuria y la estrella gemela Sirius B.  

Ambas, la tierra y la estrella, tienen una conexión directa con el pueblo que antes mencionaba, el pueblo de Dogón.

En el año 1985, Thomas Karlsson, ocultista y académico sueco, se internó durante 365 días en las ruinas de Dogón, hoy Patrimonio Histórico de la Humanidad. Ahí, bajo la supervisión de la Facultad de Ciencias Arqueológicas de la ciudad de Mali, junto a un grupo de baqueanos llevó adelante una larga sucesión de excavaciones. Una vez finalizadas dichas excavaciones, entre los elementos inhumados declarados nadie notó el faltante de un grupo de pergaminos que eran ya casi cenizas. Thomas Karlsson justificó su estadía ante la Facultad de Mali con una escueta tesis sobre las posibilidades simbólicas de ciertas estatuillas que habían sido encontradas bajo cuatro sacos de cal, y regresó apurado a Suecia.

Una vez en Suecia, Karlssonse encerró durante tres años a trabajar en lo que él declaró como su “gran obra”; obra que vería la luz en el año 1989 bajo el nombre de Ordo Draconis et Atri Adamantis, o más conocida como la Dragon Rouge: una logia de magia y ocultismo basada en el camino de la mano izquierda. Sabemos que el de la derecha es el camino de las magias llamadas blancas. La logia de Karlsson perseguía-aún hoy- todas las posibilidades de la magia negra.

En el año 1995, Christofer Johnsson, cantante y principal compositor de la banda Therion, comenzó a formar parte activa de las filas de la logia Dragon Rouge.

Durante más de 8 años, Johnsson y Karlsson trabajaron juntos en las letras de Therion. Su última colaboración, su “opus magnum” en conjunto (en palabras de ellos) fueron las letras y la historia detrás de los álbumes Lemuria y Sirius B. Dicha historia retoma la mitología del pueblo de Dogón, extraída directamente de los manuscritos del libro Dzyan, manuscritos hurtados por Karlsson de las ruinas de Mali.

Ahí se nos cuenta que “humanoides hermafroditas de entre 3 y 4 metros de altura habitaron la tierra de Lemuria, algunos de los cuales eran patizambos, tenían cuatro brazos, e incluso ojos en la espalda. Los dinosaurios coexistieron con estos humanoides, y fueron tratados como sus mascotas. Cuando los lemurios (por ponerles un nombre) descubrieron el sexo, su destino fue fatal. El continente se hundió en las olas de un mar embravecido, dejando descendientes a ambos lados del continente“.

La historia versa de un grupo de seres de algún sitio más allá de la galaxia conocida, “de un planeta en el que el tiempo se comba“, que arribaron a las costas del África, sobre una tierra que en la actualidad yace sumergida en el fondo del océano Pacífico. Se nos cuenta que caminaron durante siglos hasta llegar a las actuales ruinas cuadrangulares del pueblo de Dogón, donde tomaron contacto con sus habitantes y les enseñaron toda una cosmología inédita para la época; cosmología que luego sería afirmada por la ciencia, pero cientos de años después.

Cuando, en el año 1862, la ciencia descubrió que Sirius era un sistema binario, los dogones ya llevaban varias generaciones venerando a la compañera negra de Sirius: Sirius B. Sabían que sólo era visible en determinadas épocas, que antes había sido un sol y que, tras haber agotado todo su combustible nuclear, se había convertido en una gigante roja que se tragó gran parte de los planetas circundantes. Sabían los dogones que, luego, la estrella se contrajo por gravedad hasta reducirse al tamaño de la Tierra y que formó una enana blanca. En la actualidad, su densidad es tan grande que un fragmento de su materia del tamaño de una pelota pesa varias toneladas.

Gracias a Youtube, todos podemos volver a ese concierto de presentación de Lemuria/ Sirius B en el festival Wacken 2006. En él, misteriosamente verémos a un grupo de siete plomos arrastrar una superficie de metal hasta dejarla en el centro del escenario. El primero en aparecer es Johnsson. Sin que la banda entre aún, convoca a su amigo Karlsson. Karlsson toma el micrófono y, en un sueco complejo y arrastrado, dice: “Bienvenidos. Ante ustedes, sobre esta base de acero quirúrgico, un fragmento de tres centímetros de diámetro de una piedra traída de la onceava dimensión. Si les digo cuatro elefantes, uno encima del otro, podría darles una idea de lo que pesa. En fin… Éste concierto es para ustedes pero, ante todo, es para ella”.