Estimados y estimadas, queda cada vez menos para una nueva visita de Iron Maiden a la Argentina, y en Darknessnews apaciguamos la ansiedad recordando a Somewhere in Time, una de las obras maestras de la doncella y del heavy metal de
todos los tiempos, que hoy cumple 40 años.
Habitualmente, cuando tenemos que pensar en cuales fueron los mejores discos de la historia del heavy metal, del hard rock o del rock en general, solemos recurrir a la experiencia personal sobre piezas que nos tocaron una fibra sensible, sea por un arreglo, un solo de guitarra o bajo, un riff, un registro de voz o un pasaje de alguna canción que consideramos memorable, además de apelar a la consideración de alguna crítica respetable o de incluso personas cercanas a nosotros. En el caso de una banda como Iron Maiden, con todo el universo que se nos presenta de solo mencionarla, se hace particularmente difícil, ya que nos podemos encontrar con una selectividad de su discografía que varía según cada uno de los que siguen a la banda en cualquier rincón del planeta, veteranos o más jóvenes.
En lo que a mi gusto concierne, siempre pensé esa selección en un formato de triada perfecta compuesta por Piece of Mind (1983), Powerslave (1984) y Somewhere in Time (1986), del cual nos encargaremos en esta ocasión. Se tratan de discos bien merecedores de un puntaje perfecto, porque contribuyeron a generar una combinación idílica para cualquier banda en su aspiración: elogiada producción y grabación, éxito de taquilla, giras memorables y una influencia notable que iba más allá de las fronteras de la NWOBHM. Del otro lado del atlántico, esas consideraciones le cabrían a Metallica un tiempo después.
El tiempo es el común denominador de Somewhere in Time, y está inspirado en la ciencia ficción distópica de esa obra maestra del cine llamada Blade Runner. El arte integral del disco a cargo de Derek Riggs merece un escrito aparte por su complejidad y por el esfuerzo sobrehumano de Riggs para su realización, que duró un total de tres meses. Allí se observa a Eddie The Head en modo cyborg, con una urbe bladerunneriana cargada de referencias sobre la discografía de la banda, el cine, el fútbol y –obviamente–, relojes y marquesinas digitales.
Esa idea de tiempo también serviría para iniciar un período para los ingleses en el que iban a espaciar un poco más los intervalos de grabación, luego de lanzar un disco por año con su consecuente gira desde que arrancaran en 1980. Para el mánager esto debía seguir siendo así, pero los tipos quedaron con la cabeza quemada después de la extenuante gira de casi 200 shows que quedó inmortalizada en Live After Death (1985) y decidieron parar el carro. Ese desgaste sería un atenuante para el devenir de algunos miembros de la banda años después, como el caso de Adrian Smith, que en esta ocasión sería una de las figuras del match al componer buena parte de las canciones.
La épica progresiva maideana de Somewhere in Time no podría ser mejor: arranca con una verdadera masterpiece como lo es Caught Somewhere in Time y su intro con sólo de guitarras armonizadas y sintetizadas, la novedad técnica por la que terminaría siendo reconocido el álbum para la posteridad e incluida por el mencionado Smith. El track es una aventura musical adrenalínica e inigualable, donde Bruce Dickinson nos invita, con su voz heroica como nunca antes, a perdernos en el espacio temporal para afrontar cualquier desafío que se nos cruce, y Harris nos deleita una vez más con el galopeo constante de su bajo.
La irrupción del sintetizador gracias a la inventiva de Smith no sólo tenía que ver con el clima de época (Turbo, de Judas Priest, por ejemplo, salió el mismo año y también se valió del juguete nuevo); además, coincidió con una constante evolución en
búsqueda de la perfección sonora del tándem que conformaba con Dave Murray, el dúo a seguir durante muchos años, figuras en cualquier pieza publicitaría de fabricantes de violas y amplificadores, y que en eso de futbolizar las discusiones eran la supuesta némesis de la otra súper-mega-dupla británica compuesta por los priesteanos Glenn Tipton y KK Downing.
El disco continúa con ese hitazo atemporal llamado Wasted Years, con una letra que nos invita a disfrutar del tiempo presente y dejar de sufrir por el pasado que fue y por lo que pudo ser, inspirado en la propia experiencia de los muchachos. Volviendo al asunto del sintetizador de guitarra, en esta ocasión Smith, autor integral del track, fue más allá con la experimentación, ya que se valió del recurso para primero memorizar los efectos y luego replicarlos manualmente, logrando lo que ya a esta altura todo el planeta metalero reconoce en cualquier lugar con sólo escuchar la intro.
Sea of Madness, tercera en la lista, arranca con un riff furioso, una base de bajo poderosa y una batería de Nicko McBrain sofisticada, que remite a ciertos matices de The Phantom of The Opera y brinda un ambiente progresivo pero que no deja de
tener el sello de identidad Maiden. La letra, también a cargo de Smith, quizá sea de las más emocionalmente movilizantes y contiene un pasaje muy profundo y espiritual, que está a mi entender entre lo mas elevado de la historia de la banda:
“En algún lugar oigo una voz que me llama. Allá en la oscuridad arde un sueño. Tenés que tener esperanza cuando estás cayendo, para encontrar el mundo que viste…”.
Era a esa altura difícil sostener semejante comienzo, pero en Heaven Can Wait el camino no haría más que ascender, con un bellísimo comienzo de guitarras y bajos sintetizados que daría lugar a una batería vertiginosa, con el frontman esgrimista
relatándonos a toda velocidad (casi rapeando incluso) la disyuntiva de quien oscila entre la vida y la muerte, percatándose que no se trata de un mal sueño pero aferrándose a regresar al plano terrenal porque el otro puede esperar. El coro que aparece en el promedio de la canción no precisa mayor análisis, si los tipos querían meter a toda costa un matiz futbolero, lo lograron con creces y de la manera más simple: llamar a un grupito de borrachos que estaban por ahí e invitarlos a la grabación.
En The Loneliness of the Long Distance Runner, la banda vuelve a las referencias del séptimo arte, ya que se trata de un film estrenado en 1962 basado a su vez en un relato corto del escritor Alan Sillitoe, en donde un adolescente de clase trabajadora
es enviado a un reformatorio luego de caer en el lumpenaje, y en aquel lugar descubre su talento como maratonista, instancia aprovechada por la burocracia del lugar para otorgarle un estatus del que luego renegaría. Volviendo a lo musical, destacamos aqui nuevamente al duo de guitarras y la base ritmica de McBrain emulando los pasos del personaje de ficción y emparentandola con Caught Somewhere…, aunque no tenga el mismo nivel de heroicismo. Igualmente, no deja de ser un gran comienzo de la segunda parte del disco.
Ya dijimos que Smith era el protagonista principal de Somewhere, y para coronarlo, se mandó otra obra maestra llamada Stranger in a Strange Land, que salió en su momento como el segundo single y de la cual el guitarrista también escribió la letra, aunque lo mas meritorio resultó ser su extraordinario y pasional solo de guitarra, que para muchos es uno de los mas aclamados de toda su carrera. También es de destacar al comandante Harris dándonos la bienvenida con un bajo soberbio que acompaña la base de la bateria, que debe ser la más ochentosa sonoramente. Como detalle, Stranger forma parte del puñado de canciones de la doncella que finalizan con un sobrio fade out, lejos de los cierres a los que nos tuvieron y tienen acostumbrados.
Luego de esta gran pieza, nos topamos a continuación con Déjà Vu, la canción mas corta del disco, compuesta en su totalidad por Dave Murray, y en la que Maiden vuelve a su faceta más clásica y propia de la epoca de D’Anno, explorando el fenómeno psicológico que le da su nombre. Sin tener la complejidad de las anteriores, no deja de ser una gran canción, y encima, nos sirve de puente para el gran acto final llamado Alexander The Great, que resulta suficiente para entregarle a Maiden la medalla de oro del heavy metal de la década del 80. Es que un personaje tan crucial históricamente como Alejandro Magno es digno de una pieza musical virtuosa, épica y cargada de dramatismo, compuesta en su totalidad por Harris y con una frase en off introductoria atribuida al rey Filipo II de Macedonia, padre del protagonista, que nos genera la sensación de que vamos a escuchar algo que nos
marcará para siempre como heavies:
“Hijo mío, pídele a Dios otro reino, porque el que te dejo es demasiado pequeño para ti.”
Por si semejante tracklist no bastaba, las sesiones de grabación dejaron un puñado
de canciones complementarias que, como era costumbre en la banda, servían para
mostrar sus influencias y escapar un poco del concepto temporal de Somewhere. Por caso, el single de Wasted Years contó además con Reach Out, cantada por Adrian Smith y compuesta por Dave Colwell, su socio en el proyecto ASAP y ex miembro de bandas como Bad Company y Samson, y la humorística Sheriff of Huddersfield, dedicada a mofarse un rato de la experiencia del manager Ron Smalwood viviendo en Estados Unidos. El single de Stranger in a Strange Land iba a incluir ya dos covers, That Girl, de la banda británica FM, y Juanita, de Marshall Fury, que tiene la particularidad de no haber sido nunca registrada previamente por este grupo y que fue cedida por Andy Barnett, también amigo de Smith.
Somewhere in Time marcó el pulso de su tiempo y a su vez el principio del fin de la era dorada de Iron Maiden, en continuo y absoluto estado de gracia, aun con cierto cansancio a cuestas. La doncella lograba su disco más desafiante mientras seguía mirando al resto del universo metalero desde arriba y en solitario, una proeza que les demandó un poco menos de un lustro, que parecía el doble o el triple despúes de tanto vértigo y expansión, a fuerza de muchos recitales y un cenit compositivo que creo que, hasta la fecha, no logró ser replicado en el universo metalero.
Alineación:
Bruce Dickinson: voz
Steve Harris: bajo y sintetizador de bajo
Dave Murray: guitarra y sintetizador de guitarra
Adrian Smith: guitarra, sintetizador de guitarra, coros y voz
Nicko Mc Brain: batería


