Metallica – Death Magnetic (2008)

Estimados y estimadas, volvemos a los escritos sagrados para desempolvar Death Magnetic, el regreso de Metallica a las bases que los habían transformado en leyendas y que inició la etapa de la banda que, con sus más y sus menos, continúa hasta la fecha.

Se esperaba mucho el regreso a los estudios de Metallica tras el subibaja emocional que dejó St. Anger, una placa signada por la repercusión mediática de su discutidísimo sonido y cierta espectacularización registrada con sesiones de terapia a la que quedaron expuestos los miembros de la banda en el documental Some Kind of Monster, más en concreto James Hetfield y Lars Ulrich. Las personas a las que no les caían bien ratificaron ese desprecio –el baterista se lleva bastantes números en ese aspecto–, y los que eran sus fans oscilaban en la defensa acérrima y los cuestionamientos sobre el proceso que afrontaron a la luz de todo el mundo,
que incluía las esquirlas del Napster-gate, la salida traumática de Jason Newsted y las recaídas de Hetfield, que lamentablemente no iban a ser las últimas.

Ya puestos en marcha con la incorporación de Robert Trujillo, que para aquellos tiempos venía de prestar servicios con Ozzy Osbourne y Jerry Cantrell, los californianos giraron lo suficiente para demostrar que no iban a dejar tirada a su hinchada, asumiendo los daños colaterales previos y dejando en claro que ese proceso era en definitiva el puntapié de lo que iba a venir. Una pena la cancelación de la fecha argentina a fines de 2003, sobre todo porque tras la crisis de 2001 estábamos famélicos de shows
internacionales (pocos creyeron la justificación del portazo por “agotamiento físico y mental”).

Otra novedad que iba a signar la nueva etapa es el fin de la relación con Bob Rock en 2006, que venía de producir y tocar el bajo en St. Anger para suplir la ausencia del miembro que no había sido audicionado aún. La salida de Rock se justificó en la necesidad de incorporar nuevos matices creativos tras sucesivas peticiones de grupos de fans (algo que emularían en cierto punto con los recitales “by request”), despues de haber saboreado el exito del heavy metal de masas con el álbum negro y haber experimentado el hard alterno en Load (disco reivindicado con el paso del tiempo) y Reload. El bache se notó demasiado, y los tipos no querían repetir otro error histórico que arruinara un legado.

Por eso no fue nada azaroso que decidieran incorporar como nuevo productor a un tipo de los quilates de Rick Rubin, quien ayudó a retomar las bases históricas de thrash que quedaron relegadas en la larguísima y extenuante década del 90 del grupo. Esta vez, el objetivo era volver a las fuentes y como se dijo antes, defender el legado, atravesando ya un período de actividad en la que esa defensa era su arma.

La grabación de Death Magnetic fue de largo aliento, ya que abarcó casi todo el año 2007 y el primer semestre de 2008, saliendo finalmente en septiembre de aquel año.

El resultado arroja varios puntas para tener en cuenta: si bien es loable que por primera vez todos los integrantes formaran parte del equipo compositivo de todas las canciones, esa intención de sonar como en la etapa previa a 1991 se nota nada más empezar con la tríada “That Was Just Your Life”, “The End of The Line” y “Broken, Beat & Sacred”; todo huele a …and Justice for All, con algún que otro matiz de Master of Puppets y con una saturación de las pistas que al día de hoy es tema de discusión cuando se
habla de esta etapa, algo que Kirk Hammett llegó a decir que sonaba tan legendario como aquel tiempo al que evoca. Pero no son todas pálidas, porque volvieron también los solos de guitarra, recurso eliminado por elección cuando querían ponerse a la par de sus colegas del nü metal, algo más tosco y discutible que cortarse el pelo o vestirse de gala en alguna entrega de premios.

Cuando todo sigue con “The Day That Never Comes”, no se puede no pensar en Fade To Black y en One, como si en el instructivo del proceso la intención fuera mezclar el sonido y la temática guerra-muerte-agonía- redención para ver que resultado surge, más allá de que aquí Ulrich y Hammett se lucen con creces en los ocho minutos de la canción. Por suerte la cosa sube de nivel con “All Nightmare Long”, en donde el sonido se vuelve más oscuro y extremo (siempre dentro de los parámetros metalliquenses), con ciertas aristas en los riffs iniciales que me recordaron a algunos pasajes del Anthrax de la era John Bush y al Sepultura de Roots,
aunque por algunos momentos Hetfield llega con la lengua afuera y queda en evidencia. El video de la canción es de lo mejor de la banda en su videografía, narrando un apocalipsis zombie provocado por extraterrestres luego de un accidente termonuclear en Siberia durante la guerra fría, inspirado en Lovecraft, escritor favorito de Hetfield, y que deja ver una crítica manifiesta hacia la ciencia para fines non sanctos.

Desde allí en adelante, Death Magnetic empieza a oscilar por los “problemas” mencionados anteriormente. “Cyanide” vuelve a repetir la intención del comienzo, aunque es un poco más corta que las canciones que la anteceden. Luego le sigue la inexplicable tercera parte de The Unforgiven, que sí tiene como rescatable la presencia de pianos a cargo de Hetfield, que es toda una novedad para la historia de la banda y le aporta otro clima y color a una estructura medio tiempo idéntica a las partes 1 y 2 de antaño.

El osciloscopio vuelve a ondear con “The Judas Kiss”, que la banda utilizó para spoilear el disco algunas semanas antes del lanzamiento y contiene uno de los mejores solos de Hammett, aunque tranquilamente podría durar algunos minutos menos. En el instrumental “Suicide & Redemption” no hay tanto reproche a mi entender sobre la duración (al borde los diez minutos),
que esta vez si vale la pena porque, aparte del inevitable guiño a los instrumentales históricos y aplaudidos todo el tiempo, no pareciera que haya segmentos de más, y por suerte lo dejaron más libre a Trujillo para que se luzca. La placa finaliza con “My Apocalpyse”, donde dan la vuelta al círculo con la táctica del inicio y pareciera ser una pieza de complemento, sin mucho
por destacar.

No supe realmente en aquel entonces si Metallica buscaba satisfacer las demandas de ellos mismos o la de los demás. Si parecía que no querían dar pasos en falso y fueron a buscar las formas que podían dar resultados concretos. Death Magnetic, por momentos, suena forzado y largo, con la saturación ya mencionada y un volumen de mezcla por encima de la media que también generó cierto debate, pero algo seguro fue que había enterrado definitivamente los períodos de zozobra y para el cuarteto no había nada que mirar en el espejo retrovisor reciente.

Alineación: James Hetfield: voz, guitarra rítmica y pianos, Lars Ulrich: batería, Kirk Hammett: guitarra líder y Robert Trujillo: bajo y coros

¡Nos vemos en el próximo escrito!