Los neerlandeses Pestilence, comandados por Patrick Mameli, regresaron al país por quinta vez para brindar un show que estaba anunciado en Uniclub, y terminó pasándose a Club Cultural Bula. Yo supongo que habrá sido por la baja venta de entradas. Muchos se preguntarán a qué se debe el desinterés en ver a una de las bandas pioneras del movimiento extremo y vanguardista europeo de finales de los 80s., y creo que mi parecer podría ser similar al de muchísimos de sus seguidores. Por eso creo que puedo compartirlo sin que nadie se asombre demasiado. Más allá de factores económicos y la cantidad de visitas de bandas extranjeras (Liv Kristine el mismo día, o Havok, Fear Factory, Riot, Hirax, entre otros en días cercanos. O las bandas más grandes que ocupan cuotas en las tarjetas y lo que ya todos sabemos que ocurre), Pestilence está viniendo seguido, y sin nada nuevo bajo el brazo. Desde el 2021 que no sacan material nuevo, y amén de no haber sorprendido demasiado con sus últimas producciones (y que ya han venido dos veces desde entonces, más tres con esta, a menos de un año de la anterior visita), también podemos decir que Mameli viene meando fuera del tarro. Tras sus polémicas declaraciones, los cambios de portadas por las críticas, y el lanzamiento de un disco de regrabaciones (Levels of Perception), que nunca debió haber salido; sumado a que ya nadie sabe quién toca en la banda, por el constante cambio de integrantes, entenderemos que podía fallar.
Dead Rooster inició la velada con un Death Metal ganchero a lo nórdico y un nuevo vocalista, brindando un show con un sonido impecable que fue muy bien recibido por el público.
Burden Rage tuvo algunos desperfectos, por momentos casi imperceptibles, pero que estuvieron durante toda su presentación. Algún falso contacto en algún cable (tal vez los triggers del Bombo, o vaya uno a saber qué, generando ruido a masa mientras tocaban). Esto no logró opacar su presentación, porque tampoco fue algo tan dramático, es más, ellos en el escenario parecían ni darse cuenta de esto, y descargaron toda su brutalidad con el respaldo de un baterista que es una máquina demoledora, a quién no podías quitarle la vista de encima.
Un poco más de cien personas ocupaban el recinto cuando Pestilence subió a escena a enchufar sus instrumentos, y en un clima frío (literal afuera, metafórico adentro) sonaron «The Secrecies of Horror», «Morbvs Propagationem» y «Dehydrated» mientras se iba acomodando el sonido y Mameli daba lo mejor de sí, sin transmitírselo siquiera a su cara.
Una seguidilla de clásicos de Consvming Impvlse y Testimony, hicieron entrar en calor a unos pocos que se animaron al pogo, mientras «Resurrection Macabre» nos hipnotizó entre bases densas y un doble bombo aniquilador. Hubo momentos donde el público cantó los acordes de «Twisted Truth» (yo casi me quedo mudo) y también enloqueció con «Land of Tears». Pero tómese «enloquecer» como pasarla bien y mover la cabeza, ya que realmente la gente se mantuvo bastante tranquila en la hora y cuarto que duró el set; el cuál culminó con los clásicos «Reduced to Ashes» y «Out of the Body». Sabor agridulce, ya que lo lindo de tenerlos tan cerca en un lugar íntimo se sintió algo frío de ambas partes, aunque Patrick tuvo sus pequeños momentos de jocosidad. Como sea… de todas maneras siempre son experiencias gratificantes este tipo de eventos tan únicos.
Otra productora quizás lo hubiese cancelado, pero Noiseground no solo nos permitió estar ahí, sino que puso lo mejor para que todo sea inolvidable. Estamos más que agradecidos.



