Sin duda, podemos citar a The Sisters of Mercy como una de las bandas más importantes para la cultura de la música gótica, por más que su líder Andrew Eldritch reniegue de dicho rótulo. Sin duda, estamos ante la presencia de un exponente vivo de Rock inglés que ha vuelto a pisar suelo argentino para deleitar a sus fans con los clásicos de su corta pero efectiva discografía.
Sin mucha antelación se anunció a la banda Los Péndulos como teloneros de los ingleses. Debo decir que desconocía la existencia de este último proyecto de Arián Outeda (vocalista de No Demuestra Interés, Satan Dealers o Bandera de Niebla), pero resultó ser una banda más que adecuada para el evento. Lo suyo está muy ligado al Post-Punk, con letras que suelen traer temáticas de ciencia ficción. Los péndulos brindaron un show con un sonido limpio y prolijo abduciendo la atención de todo el público presente, que a esa altura ocupaba la mitad del recinto.
Sin canciones de fondo, pero con sonidos ambientales el Teatro Flores recibía al groso de los asistentes, mientras el escenario se cubría de humo a eso de las 21 hs. Minutos después Andrew (voz), Ben y Kai (guitarras) junto a Chris, el encargado de las teclas y rítmicas del Doktor Avalanche, salían a escena con un extenso show que supo combinar canciones clásicas con algunas otras que aún se encuentran discográficamente inéditas.
«More» fue una de esas canciones que hizo saltar a gran parte del público, mientras otras como «Marian» indujo a la gente a bailes de péndulo. El sonido se mantuvo nítido durante toda la noche, pero debemos remarcar que en los primeros diez o quince minutos, la voz de Andrew se perdía un poco entre la bruma sónica. Tal vez la parte visual más destacable, amén del concepto general de llenar todo de humo con rayos lumínicos que iban y venían, fue la actuación de Kai, quién bailó por todo el escenario con su guitarra e inclusive reemplazó las voces femeninas en los clásicos de la banda.
Es sabido que The Sisters of Mercy no utiliza bateristas en vivo, por ende, los sonidos disparados desde lo alto mantenían el golpe constante, dándole esa leve sensación de música electrónica que a más de un purista (me incluyo) le hizo extrañar el golpe en el pecho que generan los graves de un buen parche. También aplica un poco al bajo, instrumento que sólo apareció en un par de ocasiones cuando Ben se descolgó la guitarra. El resto de los graves era también disparado por secuencias.
«Temple of Love» fue otro punto alto en la noche, pero la corona creo yo que se la llevó «Lucretia My Reflection». Más que nada por una audiencia que no paró de corear, inclusive cuando el tema ya había terminado, dejando el ambiente en perfectas condiciones para que se despidieran con otro gran clásico como lo es «This Corrosion».
Muchas gracias a Marcela Scorca e Icarus por permitirnos estar presentes.




